¿Qué es y cuáles son las etapas o tareas del duelo?

El duelo es un proceso de suma importancia para los seres humanos, nos ayuda a poder adaptarnos a los cambios y a su vez aprender de éstos. Sin embargo, no significa que sea algo sencillo de vivenciar, por ello, siempre es mejor vivirlo acompañados ya sea de información o de la mano de un especialista, para así comprenderlo de mejor manera y darnos cuenta que tal vez aquello que pensábamos está “mal” en nosotros, no es así y sólo se trata de una parte del duelo. Pero iniciemos por hablar de:

¿Qué es el duelo?

 

Llamaremos duelo, al ciclo que se vive a partir de cualquier pérdida o cambio. ¿Por qué nombrarlo como un ciclo? Se debe a que esta palabra es la más cercana para describir ese ir y venir de emociones y acciones que nos envuelven en ese momento. No se trata de un evento lineal, ni universal.

Cuando decimos que se experimenta a partir de cualquier pérdida o cambio, nos referimos a todo aquello que resulte significativo o importante para la persona, dicha importancia se mide en qué tanto interviene en su vida diaria y sus emociones; por lo tanto, el duelo es parte de nuestra cotidianidad. Como individuos podemos tener duelos por diferentes razones, que van desde la pérdida de objetos, etapas de vida, partes del cuerpo, hasta personas.

La teoría nos señala que el duelo se conforma de diferentes fases o tareas, dependiendo del autor al cual se esté consultando, aunque si algo tienen en común todos, es que se trata de un proceso muy personal que estará mediado por diferentes factores, de tal manera que las personas pueden o no experimentarlos en el mismo orden. Es por eso que aquí señalaremos las tareas propuestas por William Worden:

1. Aceptar la realidad de la pérdida.

Esta tarea aunque pareciera estar dada por sí sola, es una de las más difíciles. La persona puede presentar lo que algunos llaman shock o negación. Ese momento en el que aún esperamos que esa persona vuelva o que las cosas regresen a la normalidad, incluso se sienten atrapadas en un sueño, por lo que requerirá tiempo aceptarlo.

2. Trabajar emociones de la pérdida.

Esta tarea se vivencia desde el inicio de la perdida. Podemos experimentar un sinfín de emociones nuevas, combinación de varias de ellas y suelen presentarse de un instante al otro, trabajar con éstas no significa que haremos que desaparezcan, sino que las identificaremos para saber cómo lidiar con ellas pero sobre todo comprender su función y razón.

De las más difíciles de gestionar suelen ser el enojo y la culpa, se debe a que no son tan aceptadas socialmente y para la persona resulta difícil expresarlas incluso consigo mismo.  Algo muy común es encontrarse enojado con la persona que falleció; aunque se está consciente de que no fue una elección, esto suele ser recurrente y es respetable, pues es un paso que lo llevará a hacer conciencia de lo que hay que trabajar en torno a la relación con la persona fallecida y consigo mismo.

3. Adaptarse a un entorno en el que el fallecido ya no está.

Adaptarse nunca ha sido sencillo. Para ello la persona primero deberá identificar todos los cambios que se han suscitado, desde los muy evidentes hasta aquellos pequeños detalles que se convierten en pérdidas secundarias, algunos ejemplos son, el ya no tener a la persona a la cual siempre escuchábamos o a quien nos acompañaba al supermercado, nos alentaba, etc. Por tanto una vez identificados los cambios, viene todo un trabajo en el área de resolución de problemas, que le permitirán a la persona poco a poco ir adaptándose a su nueva realidad y darle solución a los cambios que experimenta.

4. Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

Esto es empezar poco a poco con la aceptación de la pérdida, comprender que continuar viviendo o disfrutando, no significa dejar de amar a la persona u olvidarla, que también hay diferentes maneras de recordar y seguir retribuyendo a ese ser querido; se trata de recolocarla emocionalmente y cada persona lo hará de una forma muy particular.

¿Quieres empezar a trabajar estas etapas de duelo?

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Psicóloga por la UNAM y con estudios en la Universidad de Antioquia, Colombia. Conferencista en diversos temas de salud y cultura. Líder en apyc.mx. Autora de blogs en diversos medios.

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